¿Seguro que tienes que cambiarlo tú?

Muchos vecinos se animan a cambiar el bombín por su cuenta. Y tiene sentido, porque a veces basta con quitar un tornillo. Pero también es una de las chapuzas caseras que más avisos de urgencia nos dan. Antes de ponerte con ello, párate a pensar un momento.

Si la llave gira mal, se atasca o notas algo raro al abrir, cambiar el cilindro puede ser la solución. También si has perdido llaves, acabas de mudarte o quieres subir un punto la seguridad. Con una puerta blindada estándar, sin mecanismos complejos, es un trabajo asumible.

Otra cosa es una puerta acorazada con un bombín de perfil especial, o un escudo protector soldado o de alta seguridad. Ahí te recomendamos no seguir. Si fuerzas algo, puedes dañar el mecanismo completo de la cerradura, y esa reparación sale bastante más cara que el cambio de bombín que pretendías hacer.

Lo que de verdad vas a necesitar

Olvídate del maletín. Para la gran mayoría de los bombines de perfil europeo, que son los que más nos encontramos en las casas de la zona, solo hacen falta dos cosas:

  1. Un destornillador de estrella. Tiene que ser del tamaño justo para la cabeza del tornillo que sujeta el bombín. Si no encaja bien, mellas la cabeza, y entonces sí que tienes un problema.
  2. La llave del bombín que vas a quitar. Sin ella no puedes girar la leva para sacarlo.

Nada más. Ni taladro ni martillo. Si crees que necesitas algo así, es que algo va mal.

Para.

El paso clave: cómo se mide un bombín

Aquí falla casi todo el mundo. Comprar un bombín de medida incorrecta es el error que más vemos. De poco sirve un cilindro antibumping carísimo si luego sobresale un centímetro por fuera de la puerta: es una invitación a que lo partan con una mordaza.

La medida no es la longitud total. Son dos medidas, tomadas desde el centro del agujero del tornillo de sujeción hasta cada extremo. Se expresan así: 30 × 40 mm, 35 × 35 mm, etcétera.

Para medirlo bien, primero hay que sacarlo:

  1. Abre la puerta.
  2. Busca en el canto, a la altura de la cerradura, un tornillo que está solo. Es el que sujeta el bombín. Quítalo del todo.
  3. Mete la llave y gírala un poco (unos 15 o 20 grados) mientras empujas desde el otro lado o tiras de la propia llave. Buscas el punto en el que la leva, esa pieza negra que se mueve al girar, queda alineada con el cuerpo del cilindro y te deja sacarlo.
  4. Ya fuera, déjalo sobre una mesa. Con una regla, mide desde el centro del agujero del tornillo hasta un extremo y apúntalo. Luego, del centro al otro extremo. Esas son tus dos medidas, y con ellas ya puedes ir a comprar el nuevo.

Por fuera, el bombín nuevo debe quedar a ras del escudo o, como mucho, sobresalir uno o dos milímetros. Nunca más.

El procedimiento: quitar el viejo y poner el nuevo

Con el bombín nuevo de la medida correcta en la mano, el resto es hacer lo mismo a la inversa. Sin prisa, sale.

  • Introduce el bombín nuevo: con la llave puesta y la leva alineada, mételo en el hueco de la puerta.
  • Comprueba que funciona: antes de atornillar, gira la llave varias veces y asegúrate de que la cerradura abre y cierra con suavidad. Esta prueba, siempre con la puerta abierta.
  • Pon el tornillo de sujeción: alinea el agujero del canto con el del bombín y vuelve a colocar el tornillo. No lo aprietes a muerte, solo hasta que quede firme. Si te pasas, el mecanismo puede ir forzado.
  • Prueba final: cierra la puerta y abre y cierra desde fuera y desde dentro. Tiene que ir suave.

Cuidado con la leva: el error más tonto

Lo que más pasa al meter el bombín nuevo es que no entra. Empujas y notas un tope. Es la leva: si no está recta, alineada con el cuerpo del cilindro, no pasa por el hueco de la cerradura.

Tiene arreglo fácil. Mete la llave y muévela un poco a un lado y a otro mientras empujas sin apretar. En algún momento la leva se esconde y el bombín se desliza hasta su sitio. Es cuestión de muñeca, no de fuerza.

¿Cuándo es mejor no tocar y llamar a un profesional?

El cambio es factible, pero hay casos en los que no compensa arriesgarse. Llama a un cerrajero si:

  • El tornillo de sujeción no sale. Si está oxidado, pasado de rosca o con la cabeza mellada, sacarlo a la fuerza puede partirlo dentro. Y extraer un tornillo partido es un trabajo mucho más delicado.
  • El bombín no sale ni girando la llave. Puede que la cerradura tenga un problema interno o que el cilindro esté dañado. Si insistes, puedes dejar la puerta bloqueada.
  • Tu puerta es de alta seguridad. Como decíamos al principio, estas puertas llevan componentes que piden un ajuste preciso. Un mal montaje puede anular la protección para la que se fabricaron.
  • Quieres poner un bombín de gama alta. Algunos cilindros antitaladro o con control de copia necesitan una instalación muy fina para funcionar bien y no dar guerra con el tiempo.

En el oficio vemos a menudo lo que deja un cambio de bombín mal hecho. Unas veces se queda en una molestia. Otras termina con una puerta bloqueada a las tantas de la noche y una llamada de urgencia. Todo se resume en dos cosas: mide bien y no fuerces nada.